De profundas reflexiones en el transporte público

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Muchas veces pienso en cuando sea viejo. En cómo será mi rostro arrugado y largo. Lleno de barba blanca. Cómo habré pasado de una fotografía de un bebé siendo ayudado a caminar por su padre a un viejo que ya no puede levantarse o hablar como antes. Lo he visto varias veces. Vi morir a mis dos abuelos, los vi a ambos ya disminuidos —de tamaño y de vida— tendidos en una cama de hospital, esperando el momento final sin tener ya mucha conciencia de ello. Supongo que así veré a mi padre algún día. Entonces tendré cerca la foto donde me sostiene siendo un niño pequeño. ¿Cómo sucede tener el pasado y el futuro al mismo tiempo, frente a los ojos? Mirar una fotografía de un momento que la memoria ya no alcanza a recordar. Que sólo sabemos que existió por viejas imágenes polaroid y la memoria de los padres que tenían en ese día la misma edad que tiene uno ahora. ¿Qué será de las personas que no tienen fotografías de sí mismos, que las perdieron, que no hay nadie cerca que recuerde por ellos esos días? ¿Tuvieron pasado? ¿Se irán del mundo con el mismo silencio con el que llegaron?

 
Cuánto tiempo estaremos aquí es, casi siempre, un misterio. ¿Qué clase de cáncer nos llevará al otro lado? ¿Qué órgano dejará de funcionar primero? ¿Cómo será el amanecer del día que pensemos: este debe ser el comienzo del último tramo?

 
Muchas veces pienso en cuando sea viejo. Hoy lo he pensado un poco más, pero aún no es tiempo.

Plural: 3 Comentarios Añadir valoración

  1. Juan Machuca dice:

    Me deprimi un poco con esto. sera que me hago viejo?

    Gracias

    1. odeenr dice:

      Recordarlo a veces ayuda. Que la depresión dure lo menos posible, camarada.
      ¡Saludos!

  2. Fanfy dice:

    ¿Depresión? ¡A vivir!

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