Eh, Molly

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¿Cuántas cosas podían suceder en menos de un segundo, con una mirada y mientras Molly Ringwald se mordía los labios?

Molly Ringwald y su mirada inocente. Mirada de adolescente eterna que cada mañana encontraba el amor. Molly también nos enseñó a muchos que la friendzone existe, y que Duckie es el rey de ésta. ¿El amor adolescente significa sacrificio? ¿Significa dejarse ir para que la otra persona sea feliz?

Usar sombreros y chamaras y copetes y zapatos extraños en cualquier época de la Tierra. Bailar aún si no hay música de por medio, sonreír incluso antes de que acabe de contarte el chiste. Ser feliz solo porque está presente. Usar la juventud para gritar en colores.

Molly Ringwald como la chica introvertida, unas veces con dinero, otras veces pobre. El color rosa de sus labios nos remite a un cielo que en estas tierras quizá nunca existió. Cabellos esponjosos como nubes, como nubes que puedes comer un domingo por la tarde tomando otros cinco dedos entre los tuyos.

La Molly Ringwald que se enamora del chico rebelde. ¿Cuántos chicos rebeldes hay? Rebeldes de adolescencia que hoy son gordos mediocalvos con horarios de oficina y prestaciones de ley para sus cuatro hijos y su autodelañoacrédito.

La Molly Ringwald que todos quisimos desde la primera vez que la vimos en pantalla — no nos importa que hoy salga en algunas series saludando de lejos: no sonríe igual — , desde la primera vez que miró a la cámara y se mordió los labios.

Edades enteras se extinguen en ese guiño, Molly. Siempre es bueno verte otra vez.

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