El Stranger in Paradise

Tanto calor, es insoportable. Chale. Ya es hora, por lo menos ya tengo lo que buscaba. Camino un poco, subo escaleras y me siento. A ver, vamos a ver, empecemos: Caminó unos pasos, después corrió…

…me lleva la chingada, qué música tan horrible, ¿quién engañó a ese pobre y le dijo que cantaba?… Todos dieron vuelta, menos su papá.

…ya tenía rato que no pasaba por aquí, mira nomás que sucio es todo eso, tanta porquería junta en un sólo lugar. Se parece a Los Pinoles. A veces las fiestas le aburrían; pensaba que era perder el tiempo. ¡Mira nada más que nena viene llegando! Se ve que no tiene ni 20 años, —eres un maldito puerco—. Frenó el coche frente a la casa de Carlos y tocó el claxon. Pásale que nos estamos echando un drink.

Qué te pasa, está guapa la muchacha, pero viene acompañada de su respectivo amiguito jotito, mira cómo habla tratando de imitar su fresés. Qué buena nalga, ¡hija de la chingada! — ¡Cállate! Te podrían llevar al MP (Monasterio Público, no se asuste el lector) nada más por lo que te estás imaginando—.

Lo que me enferma es que las viejas de estas pinches fiestas son bien apretadas. Chale, ojalá apagaran ese ruido. Mira, mira cómo se acomoda; hasta parece que está posando sólo para mí. —Te pasas, ¿ya escuchaste su voz? — Está bien fea, parece de niño con gripa. — ¿Y eso qué? ¿Tú ya la viste de frente? Lo de menos es dejarla callada—. Marta tiene unos senos divinos. Esa es la onda. Se me antoja una coca, ya mero. Esa güerita se cae de buena. ¡Ojalá se caiga aquí! A ver, pongamos más atención porque esto se pone mejor. Me acomodo la camisa y la chamarra en las piernas, justo bajo el morral. Se zafó el botón; a ver, cómo iba esta madre…

Las parejas bailaban unas con otras. La fiesta era animada, padre.
Qué poca madre, en la mañana el frio calaba machín y ahora no sé qué hacer con tanto trapo… — ¿Ya viste? A ese güei le está poniendo las nalgas en la cara y ni se inmuta, qué pendejo, si viera lo que le están ofreciendo. ¿Estás dormido?!Despierta imbécil! —

Veía los amplios sofás, los prismas del jardín, los jarrones chinos.
No mames, qué bien escribe este cuate, cómo no lo había encontrado antes; si lo que me recomienda el Pepe no son chingaderas. Se mueve de nuevo, acomoda sus piernitas.

Las piernas esbeltas, que se le antojaban.
Ese pinche chamaquito sigue chillando como cotorra. Si de menos fueran homosexuales a secas y no jotitas escandalosas. Y encima, la sabrosona esa lo trata como su amiguita. Pobre.
Puro asfalto, ¡cuidado, animal! Que alguien le cambie de estación. Vio las pestañas largas, la nariz respingada, la boca de labios delgados. Hasta dan ganas de apretarle una; se ven carnosas, duras; si bien que sabe lo que trae puesto. Las mujeres no son pendejas.

“Qué suave muchacha”…

¿Y si el chavo ese sólo se hace pendejo? Sus amigos regresaron. El disco giraba, el sonido continuaba desparramándose por toda la casa.

— ¿Cómo?

Ahora más que antes, los que bailaban, bailaban mejilla con mejilla. Ray Coniff tocaba “Too Young”.

Pinche madre, ojalá fuera el Coniff.

Sí, que se hiciera pendejo como el Garcés, ya ves cómo se ligaba bizcochos haciéndose pasar por joto. ¿Bailamos? Me duelen mucho las piernas. Al rato la vió bailar con otro.

Por fin, el mal imitador de Garcés se va. Si con esa nalga no te activas es la prueba definitiva. — ¡Cállate, no seas mal educado! ¿En qué pinche pulquería te educaste, cabrón? — No era la primera vez ni sería la última.

Ya se va ella también. No. Está allá adelante; méndiga, esta re buena. Ya falta poco, qué buena historia, a ver: Él terminaba siempre aburriéndose, como ahora. Recorrieron la avenida oscura.

Sigue ahí, no hay pedo.

Vieron volar las luces, los postes verdes. Ejem. El coche estrellado en un poste. Pues ni modo, tendré que abandonarla…

Vieron guiñar las luces de los anuncios. Adelante por favor. Mira nada más que suerte, viene por la misma ruta. —Déjala pasar primero—. A las putas que salían de los cabaretuchos, los taxis esperándolas, los borrachos mentando madres.

¡Ese caminar puede levantar un muerto! —Pinche cerdo pedófilo, que no ves que no tiene ni… — Te suplico que me estreches más. Tenme así, hazme vibrar. Qué lista, se adelantó y no puedo pasar. Se desvistió, se metió a la cama.

Ese tipo toca su tersa piel con toda su confianza. Un beso. Sonrisas. El cabello. Otro beso.

Estiró el brazo y apagó el radio. Trataré de pensar en ti antes de dormir. Le sonrío. Se despide. Orita termino estas líneas, no se me vaya a olvidar. Un placer conocerlo señor Parménides, lástima que se lo haya cargado la locura.
Me siento otra vez, hace tanto calor…

Caminó unos pasos, después corrió, al poco rato, se quedó dormido.

 

 

Escrito y publicado en 2008, en homenaje al original Stranger in paradise de Parménides García Saldaña. Esta versión tiene algunas correcciones respecto a la primera, pero ambas son la pura onda.

Un comentario Añadir valoración

  1. Elizabeth dice:

    Este cuento suena a:

    TUMBLING DICE
    DADOS TIRADOS

    La gente piensa que soy un loco, siempre tratan de arruinarme 
    eso me tiene bastante cansado 
    Pero nena, nena, No necesito ninguna joya en mi corana 
    Porque todas ustedes las mujeres son unas sucias jugadoras 
    hacen trampa como si yo no me diera cuenta 
    Pero nena, nena, ahora hay fiebre en esta casa de juego 
    Estas sucias putas me hacen picar lo pies 
    No saben que aquel dos aun sirve 
    Nena. no puedo quedarme, hazme rodar
    y llámame el dados tirados 
    Siempre con prisa, nunca paras de preocuparte, 
    No te das cuenta pero el tiempo paso volando 
    Cariño, No tengo dinero 
    Soy todos los seis, sietes y nueves  
    Ahora habla, nena, soy un vulgar forastero 
    Podrías ser mi compañera en el crimen 
    Pero nena, no puedo quedarme, 
    hazme rodar y llámame el dados tirados
    Lánzame y llámame el dados tirados 
    Oh, dios, dios, dios, soy el único mal tirador 
    jugando en el tapete cada noche 
    nena, no puedo quedarme 
    hazme rodar y llámame el dados tirados
    Lánzame y llámame el dados tirados 
    hazme rodar, hazme rodar

    Rolling Stones

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