Mundo Target

Tantas horas de relativa felicidad que pasamos en estos elaborados puntos de engorde, dentro de edificios que practican una suerte de ensayo de suicidio —donde aparentan estar cayéndose a pedazos pero en realidad son fachada para sustentar el regateo empresarial— montando estrategias que nos permitirán salir de vacaciones un par de veces el próximo año, apenas para lograr olvidar la cantidad de polvo que hemos tenido que tragar para lograrlo. Todos nosotros, cómodamente sentados luchando para sostener un estilo de vida en apartamentos de 90 metros cuadrados, tres recámaras con cama matrimonial y buró a juego en la mejor zona de bares de la ciudad de los ciclistas; nos esforzamos por ignorar, a veces a sabiendas a veces bajo el manto de una virginal ignorancia, que cerca de aquí, tan cerca que nos daría terror si de verdad lo supiéramos, hay otros individuos con ropa recién salida del inconsciente colectivo que pasan sus días, sus horas de productividad extra y de viernessalimosalastres pensando en nosotros, en todos y cada uno de nosotros, (en qué hacemos, en qué comemos, en qué ropa usamos, en qué zapatos compramos ayer, en qué tipo de memes compartimos hace media hora) como un perfecto objetivo de mercado para cualquier cantidad de productos, bienes o servicios que, a últimas, resulta evidente que no necesitamos para una mierda.
Crueles formas tiene este mundo, medio en ruinas, medio en forros de colores refulgentes, de escupirnos en la cara que es mucho más probable que alguien piense en nosotros para tratar de vendernos algo —y de hecho, lograrlo—, que para ese romántico y moderno deseo de estar en una mente ajena a la hora de masturbarse.

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