Nota de las 11:30 am. Catorce de abril de dosmilquince

Casi nunca me acuerdo de lo que sueño. Quizá sólo de fragmentos aislados que logro salvar en la transición del sueño a la vigilia cuando mi cerebro se reinicia por la mañana —generalmente un reinicio forzado por la vejiga—. Retazos de recuerdos licuados con pajas subconscientes. Guerras atómicas persecutorias, familiares que me hablan a la distancia, una extraña visión de mí mismo a meses de nacido mirándome a los ojos desde la esquina superior de mi cuarto. Pesadillas sudorosas con traje, corbata y un título en mercadotécnica. Exitosos golpes de estado. Fantasías con rostros de mujeres que nunca creí que pasarían por ahí y que luego decido olvidar. Probablemente es por eso que suelo soñar más despierto que dormido. En todo caso, mucho les agradeceré que, si alguno de ustedes ha aparecido en mis sueños , me puedan mandar una o dos notas detalladas o al menos recuerden saludarme con el gesto cómplice de habernos visto algunas noches antes.

 

*Publicado originalmente en Inventario.

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