Número equivocado

Hacía un buen tiempo que Paul había decidido desconectar su teléfono. Parecía no tener remedio que cada vez que sonaba pidieran hablar con personas que no vivían en su casa y que jamás había visto en su vida.
Un domingo, justo al medio día, alguien tocó a su puerta.
— ¿Sí?
—Señor, Quinn, qué alivio encontrarlo. Debe venir conmigo.
Paul lo miró extrañado, sería posible que…
—Lo siento, yo no soy el Sr. Quinn. Mi nombre es Paul…
El visitante se llevó la mano al hombro derecho, que parecía herido…
—… Auster. Paul Auster.
Ya antes lo habían confundido, pero esta vez pudo reconocer a William Wilson en la puerta.
Le franqueó el paso, lo llevó a la antecámara sin que se resistiera, lo acorraló contra la pared y lo mató.
Escuchó su propia voz en la boca de Wilson que le susurró:
—Te has asesinado a ti mismo, Quinn.

—–

Por alguna razón, hace tiempo que le tengo mucha curiosidad a las novelas de Paul Auster; quizá porque me daba a la idea de que era una especie de lectura de culto de mitades del siglo XX -lo cual confirmé que no era así, puesto que es literatura de los 80 y 90- o quizá porque el nombre del autor me sonó interesante desde que lo escuché por primera vez. En todo caso, este cuento está basado en la primera parte de la Trilogía de Nueva York, “Ciudad de Cristal”, donde Daniel Quinn recibe una llamada telefónica a media noche de un desconocido que busca al detective Paul Auster… un cuentito escrito en coautoría con Eduardo Poggi, para el blog Químicamente Impuro de Heliconia.

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