Problema con los zombies

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—Lázaro —dijo Odín mirando de reojo a Zeus que se removía en su silla— siempre ha estado orgulloso de su legado como Primer Representante Vitalicio del Pueblo Zombie.
—Pero nosotros impugnamos y repudiamos esa investidura —replicó el rabí Ezrah Ben Zión—. Ningún circunciso tiene permiso del Creador, cuyo nombre me está vedado, para regresar después de muerto.
—¿Puedo hablar? —dijo Lázaro.
—No es tu turno —amonestó Zaratustra. Lázaro se encogió de hombros y contempló a un demudado Viracocha que se arreglaba las uñas con la cola de un grifo importado de Orleans. Se sentía sapo de otro pozo, entre todos aquellos académicos.
—Ustedes se niegan a aceptar los hechos —insistió Odín—. Se es zombie de facto, no por derecho.
—Nosotros impugnamos y repudiamos la existencia misma de los zombies —dijo Ezrah Ben Zión volviendo a la carga.
—¡Ustedes son una rémora! —exclamó Thor, exaltado. Hermes movió la cabeza, adhiriendo a la posición de su colega boreal.
—¿Puedo hablar ahora? —dijo Lázaro.
—¡No! —bramaron varios, a coro.
—El Creador —dijo el rabí con voz calma y templada—, cuyo nombre me está vedado pronunciar, llegará de un momento a otro y pondrá en orden este mamarracho.
—¿Cada cosa que ustedes no controlan es un mamarracho? —Zaratustra sepultó dos ciudades bajo una marea de cenizas. Estaba más que furioso.
—Puedo aportar algo importante —dijo Lázaro.
—¡Silencio! —dijo una oscura deidad de la selva amazónica cuyo nombre sonaba como la masticación de los escarabajos cuando preparan su bola de estiércol.
—¡Silencio! —repitió una voz maciza haciendo reverberar los universos—. Lázaro: ¿te dijo mi hijo que debías permanecer en la Tierra? —Todos buscaron el origen de la voz, pero no pudieron distinguir nada.
—No me dijo que debía abandonarla —respondió Lázaro—. Y los zombies me nombraron Primer Representante Vitalicio. No me pareció educado desairarlos.
—Estamos en problemas —dijo la voz, tal vez la Voz.
Todos se rascaron la cabeza; tenían caspa, sin excepción.
—¿A qué departamento pertenecen los zombies? —dijo un dios menor a quien ninguno de los otros conocía. El desconcierto aumentó: ¿quién había creado a los zombies?
—Mañana les contesto —dijo inesperadamente el Escritor, apareciendo en medio de la sala como un holograma—. No recuerdo con exactitud, pero si los creé a todos ustedes debo haberlos creado también a ellos.

 

Relato a 4 manos junto al escritor y editor argentino Sergio Gaut vel Hartman, para el blog Breves no tan Breves, de Heliconia.

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