Tócame

¿Sabes qué sería irónico de verdad? Qué la canción más escuchada en un Ipod Touch sea, exactamente, Touch me, de Los Doors.

Ámame dos veces, una para mañana y otra sólo para disfrutar hoy. Como si fuera la última vez. Uno termina citando estas frases al menos una vez en la vida, es obligatorio. No hacerlo es abstraerse del mundo de una forma horrible. Eso no quiere decir que siempre funcione; sin embargo, el decirlo y ver los ojos de la susodicha al escucharlo te deja 3 segundos de gloria en lo que esperas entre las dos posibles respuestas: o te jala de la camisa para plantarte un beso de matameahorita o bien te tuerce la boca y suelta un sonoro e inteligentísimo “ash”.

Hay de todo: niñas que se prendan de la foto del facebook y las que se hacen las interesantes aunque no te hayan visto la carota a menos de 6 metros en los últimos 5 años. Es curioso, los dos tipos suelen, de alguna manera, estar totalmente dementes. Poquito. Mucho, a veces. Eso no deja de lado que te la pases bien por lo menos 15 días. O hasta el siguiente SPM.

No, por SMP no quiero decir Su Puta Madre. No. Quiero decir Síndrome Pre Menstrual. Es complicado. Es como cuando uno es voluble, como cualquier ser humano, pero con la diferencia de ponerse realmente loco durante al menos 5 días, destruyendo y construyendo lo que ni te imaginas. No tengo idea de cómo explicarlo pero así es. Igualito.

Tócame. Súbete conmigo al corcel y cabalguemos bajo la lluvia… no me digas que eso es ridículo, por amor de dios —del que elijas esta semana, no importa, sólo no mames—.

¿Eres extraña? Cuando la gente es extraña. Sí, vaya que sé de eso. Me he pasado los últimos 15 años pensando que soy diferente a los demás, uso muy seguido la acepción “ay, la gente” cuando no entiendo algo. Y es normal, no te culpo. No me culpo. Siempre habrá “esa gente”, sólo hasta que paramos el tren y nos damos cuenta que entre esa gente estamos los dos. Y todos los demás.

¿No te parece irónico? Tu hermana está más sabrosa que tú y sin embargo nunca te puse –ni yo ni los otros catorce antes de mí- el cuerno con ella. Vaya tontos. Y la canción de mi ipod sigue pidiéndome que la toque. No puedo encontrar dónde tocarla, sólo veo la foto de un tipo de cabellera abultada que estira las dos manos. Ese cuate se parece a los amigos de Robert en la capital. Todos igualitos.

La punta de un dedo índice se desliza suavemente por una superficie tersa, casi tibia. Desde ahí hasta la cabeza que la controla se vierten pensamientos que van de lo cómico a lo destructivo y de lo bello a lo grosero. Vamos, no me van a decir que ustedes jamás lo hicieron. De seguro alguna vez su índice logró detener y reanudar la reproducción de la vida que se concibe en los oídos.

A veces pienso que las cosas deberían ser más simples. Dejar a un lado las descripciones encriptadas y las metáforas incrustadas en significados locochones, que sólo pueden entenderse por quien las escribe y que piensa que si el lector es listo, podría entenderlas después de la cuarta leída. Pero no todos los lectores leen cuatro veces, ni dos. Todo debería ser más simple, pero no lo es.

¿Sabes qué sería irónico de verdad? Que al tratar de ser complicadísimo al describir un momento que duró un segundo y que pretendes —ouh, tú siempre tan pretencioso— que dure mil años, estés escuchando algo tan simple, pero tan simple, que ni el mismo Arjona lo pudiera entender.

 

¿Y sabes qué? Tócame otra vez.

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